Ilia Galán

LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


España: reino de ladrones

16/06/2024

Setenta veces siete le habían atrapado con las manos en la masa y lo habían soltado, porque eran pequeñas sustracciones las que había realizado. Su sonrisa bajo los bigotes sucios se esbozaba burlona ante los agentes del orden: eran viejos conocidos. Sabía que le soltarían de nuevo, sabían ellos que volvería a delinquir. Era un caco pícaro, como tantos que se habían acostumbrado a ese tipo de vida malvada dañando a otros. Una ley blanda, como en ninguna civilización sensata existió antes, permitía que se especializaran en robarnos a todos sin que tuvieran negativas consecuencias, salvo ligeras reprensiones. 
El perdón moral es clave en las sociedades cristianizadas; en las leyes esto se traduce en el intento estatal de la reinserción, si es posible. Cuando no se frena la delincuencia, a quien se castiga es a todos, a los buenos, que sufrimos continuamente el asedio y robo de estos malhechores que, sin embargo, pueden hacer enorme daño. Se cuenta solo lo que se llevan, pero está también lo que rompen, lo que hacen los propietarios para defenderse pagando sistemas defensivos, alarmas, rejas... No se cuenta tampoco cómo se dejan de visitar ciertas zonas con enormes pérdidas económicas para hoteles y restaurantes de la zona, como ocurrió con los japoneses cuando hace años su embajada les desaconsejaba visitar el centro de Madrid debido a los maleantes que les despojaban impunemente. Vergüenza nacional aparece ante los extranjeros que vienen a visitarnos: sus pertenencias pueden ser tan fácilmente sustraídas... como en Nápoles.
La tramitación de una norma para frenar la multirreincidencia demuestra el fracaso, monstruoso, de nuestros muy estúpidos legisladores, que promueven el delito y castigan a los honrados y sufridos ciudadanos. Nuestro absurdo sistema legal ha logrado que se generalice un «hurto profesionalizado», superando el 85 por ciento de los casos: se acostumbran a robar. El Partido Popular buscaba endurecer las penas, el Tribunal Supremo tumbó la reforma vana de 2015 por no hallar proporcionalidad entre pena y delito. Pero muchos pocos hacen un mucho y no se miran las consecuencias generales. Permitir que un joven delinca sin punición alguna es animarle a seguir haciéndolo, es malo también para él. Las leyes animan al crimen. Los más «bondadositos» dicen que no hay que basarse en un sistema punitivo. Cierto, no se trata de vengarse, sino de evitar los males. Si la cárcel no es solución, por más años que se encierre a uno, habrá que obligar a otras soluciones, ¿trabajos forzados?, ¿exilios, como se hacía antiguamente? No se trata de pedir que corten la mano a los sustractores, pues a algunos políticos y financieros habría que cortarlos en 1.000 pedacitos, y resultaría un poco bárbaro. Pero no se puede dejar libres a quienes atropellan la libertad de otros y el mal extienden.