En busca del equilibrio en la balanza de pagos

Carlos Cuesta (SPC)
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España cuenta con más de 44.000 empresas que venden sus bienes y servicios a terceros países con un volumen de negocio que ronda los 400.000 millones, pero no son suficientes para nivelar el déficit comercial de 2024

En busca del equilibrio en la balanza de pagos

Son las siete de la mañana, una buena parte de la población se despierta tras sonar el despertador de su smartphone hecho en China, enciende su radio fabricada en Bélgica para escuchar las noticias, abre su frigorífico producido en Alemania para sacar un cartón de leche francés, prepara una tostada con aceite de oliva de España, come un aguacate cultivado en México, toma un café de Colombia, conduce un automóvil japonés para ir al trabajo, enciende un ordenador diseñado en EEUU,... etc. Son solo algunos ejemplos de los efectos de la globalización que marcan las ventas de un mercado mundial muy dinámico y competitivo.

En este contexto, se examina la balanza comercial, una radiografía que analiza la facturación tanto de las exportaciones como de las importaciones ante el desafío de finalizar el año con una cifra positiva.

 En total, el déficit comercial español se situó en 40.275,9 millones de euros en el conjunto de 2024 con un balance negativo y un descenso del 0,7% respecto al año anterior. Este resultado es consecuencia del aumento del 0,2% de las exportaciones, hasta los 384.465 millones de euros, mientras que las importaciones alcanzaron los 424.741 millones, un 0,1% más.

El indicador pone de manifiesto que frente al déficit con EEUU de 10.013 millones, el superávit comercial español con la Unión Europea alcanzó los 30.285,4 millones de euros, encadenando 14 años consecutivos en positivo.

Los países respecto a los cuales la economía nacional registró los mayores superávits fueron: Francia (20.847,3 millones), Portugal (15.849,5 millones), el Reino Unido (13.659,7 millones) e Italia (3.808).

Además, las exportaciones dirigidas a la Unión Europea representaron el 61,8% del total y se alcanzaron cifras récord del año en 15 destinos comunitarios, entre ellos, Italia, Portugal o Polonia.

Una de las claves para ganar mercados es la diversificación. En este sentido, las empresas  españolas apuestan por nuevos mercados y, de hecho, las exportaciones nacionales crecieron el pasado curso en Oceanía (15,1%), África (6,4%) y Asia (3,5%). Además, se obtuvieron máximos históricos en mercados de relevancia como el Reino Unido, Marruecos, Turquía o México

España se ha abierto un gran nicho en el sector agroalimentario, donde sus delicias culinarias gozan de un gran prestigio. Desde el aceite de oliva hasta el vino, pasando por el queso y el marisco, los productos del país son muy codiciados. Su facturación en alimentos y bebidas superan cada año más de 3.000 millones de dólares, lo que le convierte en uno de los principales exportadores de la UE.

Además de las exportaciones alimentarias, el país cuenta con un importante sector industrial que produce bienes que van desde maquinaria hasta vehículos. Entre las principales ventas al exterior se incluyen automóviles, camiones, productos farmacéuticos, equipos médicos y piezas para trenes o aviones.

Un aspecto importante del comercio nacional son los servicios de transporte de mercancías a granel, que ayudan a mover grandes cargas por todo el mundo de forma rápida y eficaz.

Estos trabajos los prestan empresas navieras españolas, y se han vuelto cada vez más populares a medida que el comercio internacional sigue al alza. 

Las ventas al exterior de España son una parte esencial de su economía y contribuyen, además, a crear empleo y estimular el crecimiento económico.

Importaciones

Asimismo, las compras que España realiza a terceros países son fundamentalmente petróleo, gas, vehículos de motor; piezas y accesorios, y medicamentos, con origen principalmente de Alemania, China, Francia, Italia, y Estados Unidos.

Se trata de unas compras muy necesarias para el tejido productivo y que una vez manufacturadas también se exportan a terceros países generando un potente valor añadido con un retorno esencial en cifras de empleo y riqueza.