José Luis Bravo

SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Derecho de tienta

09/03/2025

A poco de recuperar la democracia en España, quienes entonces manejaban el cotarro, abordaron la ardua tarea de armar el puzle de las autonomías. Algunas indiscutibles como la catalana, la gallega y la vasca, con idioma propio reconocido. El resto se fue apañando. Café para todos. En general se dio continuidad al mapa regional de los tiempos pretéritos, pero replanteando la mitad norte según criterios aleatorios. Hubo quien descubrió, o inventó, argumentos históricos o singulares y logró su autonomía, como es el caso de La Rioja y otros que lo pretendieron sin éxito como Segovia o Cartagena. El caso es que, llegado el momento de armar el mapa, de la vieja Castilla fueron segregadas las provincias de Santander y Logroño, reconvertidas en Cantabria y La Rioja. Se les diseñaron unas banderas de colorines para la ocasión y quedaron en puertas los leoneses, que ahora son noticia porque su aspiración regionalista se quedó en el tintero entonces.
De Soria no hablamos. Se ve que no tiene historia que lucir y quedó como 'desecho de tienta' que bien pudiera haber ido a parar a Aragón, maridar con La Rioja e incluso con Castilla La Mancha. El caso es que afrontamos ahora un panorama que, sinceramente roza el ridículo, con un secesionismo regional que se quiere sustentar en lo que sea. Primero bastó la lengua y ahora se apoya en antiguos reinos que los leoneses aseguran que llegaron hasta el siglo XIX. Ah, y por supuesto, cualquiera que encuentra una veintena de palabras en su pueblo, ausentes del diccionario oficial de la lengua española, da por hecho que tiene idioma propio. Yo me atrevo a pronunciar, de carrerilla, un montón de localismos sorianos sin que se me vaya la olla a la búsqueda de una lengua distinta en Alpanseque o Castillejo de Robledo. Surgen estos movimientos en la comunidad en la que vivimos, hecha de retales, sobre todo porque nadie ha sido capaz de cohesionarla. Recuerden que desde el minuto cero en el que se constituyó, se hablaba de la necesidad de elaborar un serio proyecto de ordenación del territorio, que con ser antiguo era  y es, muy dispar y disperso. Pues ahí andamos aún. En la intención.
Seguro que con el remate de este artículo habrá quien se acuerde de mi familia, pero creo que lo que está pasando tiene que ver con dos cuestiones. La primera es que sale muy rentable tener escaños de partidos nacionalistas para venderse al mejor postor. Puigdemont marca el camino. Un trayecto que no carece de un matiz preocupante y casi nadie cita. El sesgo 'supremacista' que se oculta detrás de todos los nacionalismos que proliferan en nuestra Europa 'unida'. Queremos ir por nuestra cuenta porque somos los mejores.