Apenas quedan tres días para que Donald Trump jure su cargo en el Capitolio. Será el lunes a mediodía cuando Washington DC acoja la tradicional ceremonia inaugural que lo convertirá en el cuadragésimo séptimo presidente de los Estados Unidos. Comenzarán entonces cuatro años marcados por la imprevisibilidad. Todo cabe. Quien, con muertos de por medio, no dudó en alentar el asalto al Capitolio en 2020 para reivindicar violentamente lo que no había ganado en las urnas, vuelve ahora al 1600 de Pennsylvania Avenue por la puerta grande. Hay mucha gente feliz. Una especie de peligrosa amnesia colectiva intenta cubrir lo ocurrido hace cuatro años mientras grupos de activistas luchan para que algo tan grave no se olvide. Memoria. Quienes se dedican al análisis político anticipan decisiones contundentes durante los primeros días, u horas, del mandato del presidente. Dicen que quiere marcar terreno. Lo de Groenlandia, Panamá o Canadá son solo aperitivos de lo que se nos viene encima, declaraciones que solo provocan inestabilidad de consecuencias imprevisibles. Y zozobra. Para colmo, la influencia que ejercen en el nuevo presidente personajes como el 'Tío Elon', así se refieren a Elon Musk dentro de la familia Trump, no nos permite estar muy esperanzados. El exitoso emprendedor sudafricano, devenido en extremista de ultraderecha dedicado a arremeter contra medio mundo desde su red social, formará parte del equipo del presidente con despacho en el Ala Oeste. El mundo a sus pies, al menos hasta que salten chispas con el inquilino del despacho oval y se conviertan en rabiosos enemigos. Les apuesto un café en la York a que ocurre más pronto que tarde. Mientras pasa, la ciudad de Los Ángeles se consume bajo el fuego dejándonos imágenes que no superará ninguna producción de Hollywood. El desastre humano y medioambiental de California ha mostrado de manera descarnada la endeblez de un estado social como el estadounidense. Dos palabras, estado y social, cuya sola mención levanta sarpullido entre muchos ciudadanos de este país, aunque, eso sí, las admiran en su conjunto cuando viajan a Europa. Es una de esas paradojas a las que no consigo acostumbrarme. El caso es que los fuegos angelinos, de sexta generación dicen, son muy difíciles de parar. Pero no para quienes pueden hacerse con un retén de bomberos privado por miles de dólares al día. Pagar por todo, América.
Menos mal que nuestra Soria acostumbra a ofrecer noticias más amables. Un ejemplo es el nombramiento de Carlos Martínez como secretario general del partido socialista en Castilla y León. Bueno para la ciudad pues significa un necesario cambio tras muchos años en el poder. Y a pesar de que, sin duda, ha sido un gran alcalde, con luces y con sombras, claro, aunque este tipo de juicios no guste a los políticos, partidarios solo del conmigo o contra mí. Y bueno también que un soriano alcance esa responsabilidad a nivel regional. Puede beneficiar a la provincia. Carlos ha demostrado que sabe luchar por ello. Los únicos que parecen no entenderlo son los del PP soriano. Hasta compañeros suyos a nivel regional sí han sabido valorarlo. Sorprende la falta de inteligencia política, y de clase, de esta gente.